Descripción

Ser tratado de forma distinta al buscar trabajo, arrendar una vivienda o atenderse en un consultorio es algo que viven cotidianamente muchas personas mayores, personas migrantes y personas con trastornos mentales severos en Chile. Detrás de esos tratos desiguales hay estereotipos y prejuicios sostenidos por estructuras sociales que definen quién es valorado y quién queda al margen. Esta línea de investigación estudia cómo operan esos procesos de exclusión y discriminación, y cómo afectan la salud mental y el bienestar de quienes los experimentan.

El contexto chileno hace que esta pregunta sea urgente. 18% de los habitantes del país tiene más de 60 años, la población migrante ha crecido de manera sostenida en la última década, y cada vez más personas reciben atención de salud mental, en parte por las secuelas sociales y económicas de la pandemia. La discriminación que enfrentan estos grupos opera en varias capas a la vez: en las leyes e instituciones que pueden proteger o vulnerar derechos, en los espacios de decisión de los que suelen quedar excluidos, y en las interacciones de cada día, donde el estigma se experimenta en la vivienda, el empleo y la atención de salud.

Las consecuencias son profundas y detrás de cada dato hay historias concretas. La exposición prolongada al estigma genera estrés crónico, dificulta la recuperación y levanta barreras para conseguir una vivienda estable o un trabajo digno. Y cada una de esas barreras alimenta la siguiente; así la exclusión produce más exclusión, en un ciclo que erosiona la dignidad de las personas y que resulta muy difícil de romper desde el esfuerzo individual.

Reducir el estigma es hoy un objetivo declarado tanto a nivel global como en la política de salud mental chilena, y sabemos que requiere cambios legislativos, esfuerzos comunitarios y políticas públicas sostenidas. Nuestra apuesta es aportar a esa tarea comprendiendo cómo y por qué se estigmatiza a estos grupos, y qué mecanismos mantienen vivos esos sesgos. Porque esas condiciones fueron construidas social e históricamente y, por lo mismo, pueden transformarse para que todas las personas accedan a los recursos y oportunidades que la salud mental necesita.

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